Hay días en que parece que debo de cumplir mi cuota de metidas de pata. El jueves pasado nos salimos a la calle en la mañana y olvidé las llaves en el departamento. Oh, espanto.
Afortunadamente hay un cerrajero a un par de cuadras, así que salí corriendo a buscarlo para encontrarme con que el local estaba cerrado. La señora que atendía el local de al lado me dijo que a veces abría, a veces no. Para nuestra buena suerte, pudimos pedir prestada la sección amarilla a un vecino y encontramos el número telefónico del cerrajero. Nos dijo que podía estar ahí en 20 minutos y que nos cobraría ¡100 dólares! por abrirnos la puerta. ¡No manche, si no quiero que me cambien la puerta!
Sospechábamos que nos querían ver la cara de migrantes, por lo que llamamos a otro cerrajero. 125 dólares y no vendrían sino hasta después de la comida. Chale.
Finalmente, llegó el cerrajero a los 10 minutos de que lo llamamos. A los 45 segundos, abrió la puerta del departamento sin ninguna dificultad. A los 60 segundos, yo era 100 dólares más pobre. Nos comentó que no había abierto el local porque estaba enfermo desde el día anterior, ¡pobrecito! Fué un golpe de suerte para el señor que el bruto de mí haya olvidado las llaves. En 20 minutos (tomando en cuenta el tiempo de traslado) el señor ganó 100 dólares.
Para aquellos que quieran migrar a Australia, les tengo un tip: aquí es la tierra de las oportunidades no para los profesionistas, sino para los plomeros, albañiles, carpinteros, electricistas, etc. Aquí para ejercer alguno de estos oficios se debe estudiar una especie de carrera técnica, pero lo que ganan es una verdadera mentada de madre para cualquier profesionista.
Si ustedes en México se han quejado del albañil que los dejó colgados con la barda que les estaba construyendo, o del electricista que nunca llegó porque se le atravesó un mejor trabajo, les puedo decir que aquí es igual. O peor, ya que ganan muchísimo más.
Así es que ya tengo decidido mi plan de retiro. Vamos a tener tres hijos. Nada de ir a la universidad ni de tonterías así. Vámonos a lo grande. Uno va a ser albañil, el otro va a ser plomero y el último irá para cerrajero. Así ya no los mandaríamos a la universidad y nos ahorraríamos miles de dólares en su educación que, de cualquier manera, el retorno de la inversión sería mucho menor. Tendríamos el futuro asegurado con nuestros hijos y además me ahorraría cientos de dólares en cerrajeros...
Yo por mi parte estoy pensando en hacer un cambio de carrera y lanzarme de carpintero. Aunque por otro lado tengo el talento de Homero Simpson para ese tipo de cosas...
Robert Kiyosaki, esta no te la sabías.



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