domingo, noviembre 02, 2008

Corren, corren los caballitos...

...Los grandotes y los chiquitos.

Ya había comentado yo en posts anteriores que la cultura del deporte en Australia es muy fuerte. Sin embargo, poco a poco he caído en cuenta que las apariencias son engañosas y que, contrario a la creencia popular, el deporte nacional de Australia no es el footy ni el cricket. No.

El deporte nacional de Australia es ponerse hasta las manitas. No importa el estilo: levantamiento de tarro, lanzamiento de jaibolina o 100 litros planos, los australianos son apasionados del deporte. Durante el transcurso del año, todos los pubs hacen las veces de gimnasios donde la gente entrena con gran disciplina para estar en forma para las olimpiadas del chupe: El Melbourne Cup.

El Melbourne Cup es un evento con el que no puedo decir que me identifico plenamente (recuerden que soy totalmente naco). Durante el mes de octubre y noviembre, y supongo que en parte como una forma de festejar la llegada de la primavera, se celebran carreras de caballos en Flemington. La carrera más importante tiene lugar el 4 de noviembre y es un evento tan importante que es día feriado en Melbourne (en eso los melbournianos son como los mexicanos: buscan cualquier pretexto para no trabajar).

Ahora, la verdad es que lo de menos son las carreras. Es un pretexto para que todos se pongan sus mejores galas y vayan a ver y ser vistos, a socializar y (obviamente) beber desde las diez de la mañana. El Melbourne Cup es una industria de millones de dólares donde la moda tiene un papel predominante (aunque no tanto como la cerveza). Evidentemente hay mucha influencia inglesa en todo esto, ya que las mujeres llevan rigurosos sombreros de flores y plumas.


Ya que existen fuertes restricciones para manejar y beber, la gente usualmente toma el tren para llegar a Flemington. El espectáculo es digno de un documental de National Geographic. Por la mañana los trenes se llenan de gente divinamente ataviada: trajes, vestidos (algunos tan cortos que tengo que cerrar los ojos para que no se me salgan de sus órbitas), sombreros, lentes oscuros a la moda y cerveza en mano. A eso de las seis de la tarde acaban las carreras de caballos, sin embargo los encarrerados son los melbournianos, que regresan a la ciudad a continuar el reto hepático en su pub de confianza. Ya para esas horas de tan intoxicadas las mujeres llevan el bra en la cabeza y el sombrero en el pecho, y se olvidan del hecho de que están usando el vestido mas corto que pudieron encontrar, mientras se sientan en el tren como si usaran pantalón.

Las propiedades embellecedoras y afrodisíacas de la cerveza incitan al ligue fácil. Me recuerda en cierta manera a la Feria de San Marcos en Aguascalientes: cuenta la historia que nueve meses después de la feria, se da una serie de nacimientos en los que todos los niños varones son bautizados con el nombre de Marcos. Supongo que en agosto del próximo año aquí en Melbourne habrá una tanda de niños que serán bautizados con nombres de caballos como Lucky Beauty o Carbine…

Ok, tal vez exagero un poco, pero la verdad es que ver a la gente en el tren de regreso a sus casas después de practicar su deporte preferido es lo mas divertido del mundo. Yo no se nada de caballos ni de trifectas ni imperfectas, pero ya quiero que pase un año para poder decir de nuevo: ¡A beber hasta cambiarnos de nombre!

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