Antes de partir a México, compré en el CBD de Melbourne cubrebocas para mi familia. Fueron caras: a $5 cada una. Al bajarme del avión en el D. F., me puse la mía. Ahí fue cuando empecé a sentirme ridículo: era de los muy pocos que la traía puesta. Al salir a la calle, me di cuenta que sólo un 30% de la gente traía cubreboca. De ellos, la gran mayoría la traía en el cuello, seguramente pensando que así protegían mejor su garganta del virus (me recordó el chiste del ladrón que entra a robar un banco armado con una hipodérmica llena de sangre contaminada con VIH y amenaza con picar a todos si no le entregaban el dinero. Un gallego lo ve a los ojos y le dice, retador: “¡No te tengo miedo, coño, que traigo puesto el condón!”).
En el hospital de La Raza no fue distinto: la mayoría no portaba cubreboca. Al entrar al hospital, tuve que contestar un cuestionario con varias preguntas que se podían resumir en una sola: “¿se siente usted bien?” Después de responder que sí, que muchas gracias por preguntar, una minúscula enfermera me proporcionó un poco de alcohol en gel para mis ya agrietadas manos antes de ingresar al interior del nosocomio.
A pesar de que también proporcionaban cubrebocas a la entrada, dentro del hospital su uso era esporádico. Sólo las enfermeras y los doctores (en su mayoría) los usaba constantemente. En la puerta del baño de visitas, un letrero rezaba algo así como: “evite enfermedades nosocomiales lavándose las manos con agua y jabón”. Algún pérfido tuvo el atrevimiento de escribir con su puño y letra en ese mismo letrero: “no hay jabón”.
Un par de días después, el personal de seguridad comenzó a medir la temperatura de todos los que ingresaban al patio del hospital. La medición era hecha con una de esas pistolitas infrarrojas, apuntando al oído de la persona desde una distancia de unos 15 a 30 centímetros. Yo ya conocía esas pistolitas: son usadas comúnmente en la industria para medir la temperatura de ductos, por ejemplo. Pero ignoraba que las hubiese para aplicación médica. A pesar de que el hospital supuestamente se encontraba en contingencia, el uso de la pistolita era esporádico: a ciertas horas ya no medían la temperatura de la gente. La primera vez llegué al hospital y a la entrada del patio estaban midiendo la temperatura. Pude ver la lectura de la persona frente a mí: 30 grados centígrados. Al otro día por la tarde, aún con contingencia, el personal de seguridad no estaba monitoreando la temperatura de quienes ingresaban. Chismoso de vecindad que soy, pregunté por qué, a lo que me dijeron que ya no era necesario, que le pasara a lo barrido.
Al siguiente día, volvieron a medir temperaturas. En esta ocasión le pregunté al de seguridad cuál era la mia.
-“Veintinueve grados, joven. Está usted bien. ¡Pásele!”
Fue entonces cuando comencé a dudar seriamente de los controles que había implementado el hospital ante la epidemia.
Hoy leo en el periódico que Peña Nieto, gobernador del Estado de México, declara al inaugurar un hospital palabras más, palabras menos, que la epidemia ya pasó, que hay que erradicar el uso de los cubrebocas porque daña la imagen del país, proyectando la idea de un país enfermo. Al leer estas declaraciones y al enterarme de que en el D. F. la alerta epidemiológica igualmente llegó a su fin, me relajo finalmente. La epidemia por decreto ha finalizado y el usar cubreboca es perjudicial para la imagen del país. Por fin me puedo quitar este pedazo de tela que me hace sentir como Michael Jackson región 4 y que encima de todo no me deja respirar. Por fin puedo dejar de usar alcohol en gel que tanto me resecaba las manos y sobre todo ya puedo estornudar a todo pulmón como Dios manda, sin taparme la boca.
Ahora sólo me preocupa mi regreso a Melbourne. Desafortunadamente lo único que saben es que hay una epidemia en México e ignoran que ya se decretó que ésta ya llegó a su feliz término. Espero que a mi regreso no me metan en una caja de petri.
Sergito sufre.
En el hospital de La Raza no fue distinto: la mayoría no portaba cubreboca. Al entrar al hospital, tuve que contestar un cuestionario con varias preguntas que se podían resumir en una sola: “¿se siente usted bien?” Después de responder que sí, que muchas gracias por preguntar, una minúscula enfermera me proporcionó un poco de alcohol en gel para mis ya agrietadas manos antes de ingresar al interior del nosocomio.
A pesar de que también proporcionaban cubrebocas a la entrada, dentro del hospital su uso era esporádico. Sólo las enfermeras y los doctores (en su mayoría) los usaba constantemente. En la puerta del baño de visitas, un letrero rezaba algo así como: “evite enfermedades nosocomiales lavándose las manos con agua y jabón”. Algún pérfido tuvo el atrevimiento de escribir con su puño y letra en ese mismo letrero: “no hay jabón”.
Un par de días después, el personal de seguridad comenzó a medir la temperatura de todos los que ingresaban al patio del hospital. La medición era hecha con una de esas pistolitas infrarrojas, apuntando al oído de la persona desde una distancia de unos 15 a 30 centímetros. Yo ya conocía esas pistolitas: son usadas comúnmente en la industria para medir la temperatura de ductos, por ejemplo. Pero ignoraba que las hubiese para aplicación médica. A pesar de que el hospital supuestamente se encontraba en contingencia, el uso de la pistolita era esporádico: a ciertas horas ya no medían la temperatura de la gente. La primera vez llegué al hospital y a la entrada del patio estaban midiendo la temperatura. Pude ver la lectura de la persona frente a mí: 30 grados centígrados. Al otro día por la tarde, aún con contingencia, el personal de seguridad no estaba monitoreando la temperatura de quienes ingresaban. Chismoso de vecindad que soy, pregunté por qué, a lo que me dijeron que ya no era necesario, que le pasara a lo barrido.
Al siguiente día, volvieron a medir temperaturas. En esta ocasión le pregunté al de seguridad cuál era la mia.
-“Veintinueve grados, joven. Está usted bien. ¡Pásele!”
Fue entonces cuando comencé a dudar seriamente de los controles que había implementado el hospital ante la epidemia.
Hoy leo en el periódico que Peña Nieto, gobernador del Estado de México, declara al inaugurar un hospital palabras más, palabras menos, que la epidemia ya pasó, que hay que erradicar el uso de los cubrebocas porque daña la imagen del país, proyectando la idea de un país enfermo. Al leer estas declaraciones y al enterarme de que en el D. F. la alerta epidemiológica igualmente llegó a su fin, me relajo finalmente. La epidemia por decreto ha finalizado y el usar cubreboca es perjudicial para la imagen del país. Por fin me puedo quitar este pedazo de tela que me hace sentir como Michael Jackson región 4 y que encima de todo no me deja respirar. Por fin puedo dejar de usar alcohol en gel que tanto me resecaba las manos y sobre todo ya puedo estornudar a todo pulmón como Dios manda, sin taparme la boca.
Ahora sólo me preocupa mi regreso a Melbourne. Desafortunadamente lo único que saben es que hay una epidemia en México e ignoran que ya se decretó que ésta ya llegó a su feliz término. Espero que a mi regreso no me metan en una caja de petri.
Sergito sufre.



11 comentarios:
...viva México...
Suerte en tu viaje de regreso!
Hola Sergio, espero que tu viaje a México ha sido agradable, a pesar de la Influenza... Nosotros estamos en trámite de la visa, apenas en la etapa de la certificación del título de mi marido, que debería ya estar listo en estas fechas. Yo trato de buscar lo que se puede en Internet sobre el tema, y así fue como encontré tu blog, entre otros, que me parece buenísimo. Te quería preguntar si para tu traslado de México a Australia (cuando te otorgaron la visa) usaste los servicios de la OIM, la gente de Venezuela obtienen descuentos en las tarifas aéreas si compran los boletos con ellos, quisiera saber si esto aplica para México. Mil gracias.
Saludos,
Tatiana
Hola, Tatiana.
El bruto de mí compró los boletos de avión antes de enterarse del OIM y para cuando hablé con ellos ya fué demasiado tarde. Sin embargo por lo que tengo entendido sí aplica para México. Ellos te consiguen los boletos más baratos y con capacidad de equipaje mayor (creo que el doble). Sin embargo, es probable que te manden en un vuelo de más de una escala (no se puede todo en esta vida).
¡Saludos!
Buenísimo, Sergio, muchas gracias.
Saludos,
Tatiana
Hola Sergio, Mi nombre es gilberto y yo vivo actualmente en Canada (en Winnipeg)desde el 2007, pero mi novia es Aussie, de Seaholme, y se le metio la idea de que nos fueramos para alla, si dios quiere estaremos ahi en Diciembre-Enero 09/10, espero me puedas contactar para no llegar y nomas andar hablando ingles, slds
negro_gpr@hotmail.com, me tienes riendo como loco con tu blog y tus ocurrencias, sobre todo el del salmon, cuando hablabas de tu nuevo trabajo... Slds!
Caja de petri? No manches! Tuve regresión a mis años, ejem, ejem, de escolapia! Brrrr!!
Saludos,
Gabriela
Hola Sergio, mi hijo ya te hizo en plastilina al no encontrarte en Chedraui... Un favor me puedes decir por ejemplo cuanto pagas mensualmente en:
LUZ, AGUA, TV, Internet, Mantenimiento de casa (cuota si la tienes), jardineria, el litro de gasolina, de gas, boleto de cine.
Gracias saludos Ana del aire
Oye Sergio!!
Ya! No seas gachito! Escribe algo, no?
Acá tus fans te eppstrañamos un... mucho.
Gaby
Hola, Gilberto. Suerte en tu proceso. Algo es seguro: te vas a divertir de lo lindo. Esto es como una monatana rusa emocional. Estamos en contacto.
Ana, haces la pregunta del millon.
Luz: unos 60 au mensuales
Telefono e internet: unos 90 mensuales (en paquete)
Renta: en promedio 400-450 au semanales, pero depende de muchos factores.
Comida: depende de tu apetito, pero alrededor de 70 au semanales por persona (somos muy tragones)
Cine: creo que como 17 au
Gasolina: creo que anda alrededor de un dolar el litro.
(Si alguien alla afuera tiene otros numeros, por favor que me eche la mano)
Espero te sirva. Saludos.
ps es que no buscaste en sabado a la salida de la Arena Mexico. Son Sergitos Made in China.
Hola Sergio!
Gracias por contestar.
Me resulta traumatico, los precios de los servicios son los mismos o un poco menos de lo que pago aqui en Querétaro (uno de los estados más caros de México) obviamente con un sueldo ridiculo que apenas llega a los 15,000.00. Investigue y las escuelas privadas en australia estan al mismo costo que la que yo pago aca por mi hijo...
en verdad que vale la pena el cambio!!! gracias y saludos a la familia, ana del aire
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