martes, junio 16, 2009

Ser naco es chido down under

No se dejen engañar por las líneas ingeniosas e inteligentes que éste su humilde bloguero plasma con irregularidad aquí. La realidad de las cosas es que siempre me he considerado una persona normal y (he de admitirlo) bastante aburrida. Así es: una tarde de domingo conmigo es más aburrida que chutarse el Canal del Congreso a las dos de la mañana. No es sorpresa alguna, por lo tanto, que mis estadísticas de bateo con las mujeres hayan sido histórica (e histérica) mente deprimentes. Si no me creen, sólo pregúntenle a Nayeli cómo fue que nos conocimos. Seguramente les dirá que a la media hora de conversación buscaba desesperadamente un pretexto para salir corriendo y reunirse con sus recién conocidas amigas (ninguna de las cuales bajaba de los 50 años). Exceptuando a Ana Gabriela Guevara, jamás había visto a una mujer correr tan rápido.

Así es que cuando alguien me comentó hace unas semanas que yo era una criatura exótica en este país, comprendí que había que aprovechar la coyuntura y tomar al toro por lo cuernos. Al grito de atáscate que hay lodo, Australia representa una gran oportunidad para reinventarse. Y lo mejor de todo: cualquier barbaridad que pueda yo cometer o decir la puedo justificar alegando diferencias culturales insalvables.

De manera que he abierto las puertas de mi personalidad, permitiendo que toda mi naquez reprimida fluya libremente. Ser naco es chido en Australia y mientras más naco más exótico se es. El auto de la compañía está en curso de volverse el templo ambulante a la naquez que me habita: una mascarita del Santo cuelga del espejo retrovisor mientras que la defensa trasera porta orgullosamente una calcomanía de Blue Demon. La cereza del pastel constituye el hecho de que no he lavado el auto en dos meses (tal vez más). Zapatos y calcetines han sido reemplazados por huaraches de suela de llanta made in Janitzio, mientras que las camisas tipo Dockers han cedido su lugar a la playera del Chapulín Colorado, Che-pillín y Estar Guars.

La intensidad de este arranque de naquez es directamente proporcional a mis años de vida acumulados. Cada hombre tiene derecho a vivir su crisis de los cuarenta como mejor le plazca, de acuerdo a sus deseos reprimidos y a su capacidad económica (y sobre todo al nivel de tolerancia de su abnegada pareja). Yo, por lo pronto, he decidido ser más exótico que la Tongolele en película de Tin Tan. Esperen más exoticidades de mi parte en próximas fechas. Por el momento estoy en proceso de comprar por e-bay una réplica exacta del Penacho de Moctezuma. De seguro que subo mis bonos portando tan exótico accesorio en la oficina. Y como hacen los bisteces: pssssssssssssss!

Mientras tanto, Nayeli sufre.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Pobre Nayeli, me imgaino cuanto sufre.
: )

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