En su denodada lucha por instalarse en el tambaleante mercado laboral australiano, mi adorada esposa decidió inscribirse a unos cursos intensivos para aprender a elaborar su ridículum y cover letter justo como a los cuadrados reclutadores australianos les gusta leer (es todo un arte, en verdad. Pero de eso tal vez escribiré más tarde). La organización que proporciona este entrenamiento se llama Adult Multicultural Education Services. Es mejor conocida como el
AMES y en pocas palabras se dedica a capacitar a los migrantes para encontrar trabajo.
Durante tres intensas semanas, Nayeli aprendió valiosas lecciones que le asegurarán un prometedor futuro en el ámbito laboral australiano:
- Hay que bañarse antes de una entrevista de trabajo (y tallarse los rinconcitos, por favor)
- Hay que lavarse los dientes
- Usar ropa limpia y planchada
- Usar desodorante
Aunque estos sabios consejos son obvios para algunos de nosotros, parece ser que para algunas culturas implican todo un shock cultural. Yo en lo personal solía ir a un gimnasio que se encuentra en pleno centro de la ciudad (en Melbourne Central). Este gimnasio es muy frecuentado por gente de diversas nacionalidades y pude constatar que a las seis de la tarde estar en los vestidores es comparable a morir asfixiado en las cámaras de gas nazis (sólo que aquí la muerte es más lenta y dolorosa). Después de ver y oler cosas que ningún ser humano debería, decidí cambarme de gimnasio. Aún tengo pesadillas por las noches…
Afortunadamente Nayeli no sólo aprendió que en una entrevista de trabajo rascarse la entrepierna no es bien visto. También aprendió a mejorar su ridículum y cover letter, lo cual era en realidad el objetivo de haber tomado el curso.
La buena noticia es que Nayeli va a empezar a trabajar como subcontratista para una empresa de consultoría manejada por un amigo mexicano que tiene viviendo aquí ya bastantes años.
Yo, por mi parte, le acabo de regalar su paquete pongas a trabajar, que consiste en un jabón, cepillo de dientes y pasta, y un desodorante. Ahora sí, el cielo es el límite…
Que el gobierno me mantenga!
Cada gobierno maneja la crisis como considera mejor. En Estados Unidos premian con millonarios rescates a las corporaciones que perpetraron esta crisis mundial mientras sus ejecutivos reciben sendos paracaídas de oro, cortesía de los contribuyentes (el Fobaproa no tiene copyright mexicano, lamentablemente). En México el gobierno quiere creer, en un triste despliegue de esquizofrenia y negación, que la peste bubónica que ha contraído su economía es un simple catarrito.
Mientras tanto, en Australia regalan dinero.
Al parecer, el gobierno de Kevin Rudd cree que la mejor defensa contra la recesión económica es regalarle dinero a la gente para que, al gastarlo, la economía se reactive. Todos aquellos contribuyentes que cumplan ciertos requisitos son elegibles para recibir este dinero del gobierno, que asciende hasta a $900.00 au. La medida no se me hace muy efectiva del todo. Por un lado, con la incertidumbre económica es probable que mucha gente no gaste ese dinero y lo ahorre. Por otro lado, residentes que regresaron a sus países de origen son elegibles para recibir este dinero, lo que significa, por ejemplo, que un migrante que vivió aquí muchos años y que recién se regresó a su tierra va a recibir esta ayuda del gobierno. Y que ese dinero salga de Australia no ayuda a mejorar la economía. Como era de esperarse, esta medida se enfrentó a una gran oposición.
Habiendo dicho lo anterior, yo apoyo totalmente al gobierno. ¡Yo quiero mis 900 dolarotes! Denme mi torta y mi refresco y me voy a manifestar a Federation Square en pelotas, si así lo quieren. Me he vuelto perredista y populista. Me vale. Yo también quiero mi rescate financiero. Ya le tengo puesto el ojo a una cámara fotográfica que quiero comprar. Así apoyo al país reactivando su economía.
Que el gobierno me mantenga, faltaba mas.