Es oficial. He caído en las garras del terrible síndrome del jamaicón. Prueba de ello es el hecho de que traje conmigo, directito de tierras technocas, 40 sobrecitos de sopitas Knorr, una caja de Pelón Pelo Rico, una bolsa de Miguelitos, 2 paquetes de chocolate, dos frascos de mole Mayordomo, una caja de Almon Ris, otra de Pulparindo y una más de Halls Lemonliptus, dulces de Puebla (comprados en Liverpool; ya que por una triste ironía en Puebla ya no hay dulces) y una olla express de 5 litros (a petición expressa de Nayeli). Sin mencionar una botella de Agavero y otra de mezcal oaxaqueño. Ya se podrán imaginar la odisea para transportar todo esto. Sólo me faltó llevar todas estas viandas en cajas de huevo Bachoco amarradas con mecate.
Llego al mostrador de Mexinaca y la señorita me hace saber que llevo 3 kilogramos de sobre equipaje. Inmediatamente puse mi más sufrida cara de flatulencia constipada cuando me indicó que serían 150 dólares americanos por esos kilos de más. Ni máiz, pensé, no vuelvo a pagar sobre equipaje. Así que abrí mi maleta para ver qué rayos podía dejar atrás. Los 40 sobres de sopitas Knorr se desparramaron sobre el piso mientras buscaba frenéticamente la máquina para hacer tortillas. Un maletero que había desayunado Cepillín esa mañana me dijo: “con razón no encontré sopas en el super ayer: ¡usted se las llevó todas!”. Ja ja. Al final tuve que dejar atrás 2 botellas de mezcal de medio litro, dos frascos de mole y mi maquina de tortillas. Amarré de nuevo mis cajas de huevo y pude documentar sin pagar el sobre equipaje, pero pagando el precio de parecer paisano de regreso al otro lado (lo cual, ahora que lo pienso, es exactamente lo que era).
Ahora, mientras saboreo el enésimo Pelón Pelo Rico del día, me pregunto si sobreviviré sin Pulparindos cuando éstos se me acaben. Mientras tanto, estoy desquitando la friega de transportar la méndiga olla express. Este fin de semana comemos frijoles charros. Esperen noticias.
Llego al mostrador de Mexinaca y la señorita me hace saber que llevo 3 kilogramos de sobre equipaje. Inmediatamente puse mi más sufrida cara de flatulencia constipada cuando me indicó que serían 150 dólares americanos por esos kilos de más. Ni máiz, pensé, no vuelvo a pagar sobre equipaje. Así que abrí mi maleta para ver qué rayos podía dejar atrás. Los 40 sobres de sopitas Knorr se desparramaron sobre el piso mientras buscaba frenéticamente la máquina para hacer tortillas. Un maletero que había desayunado Cepillín esa mañana me dijo: “con razón no encontré sopas en el super ayer: ¡usted se las llevó todas!”. Ja ja. Al final tuve que dejar atrás 2 botellas de mezcal de medio litro, dos frascos de mole y mi maquina de tortillas. Amarré de nuevo mis cajas de huevo y pude documentar sin pagar el sobre equipaje, pero pagando el precio de parecer paisano de regreso al otro lado (lo cual, ahora que lo pienso, es exactamente lo que era).
Ahora, mientras saboreo el enésimo Pelón Pelo Rico del día, me pregunto si sobreviviré sin Pulparindos cuando éstos se me acaben. Mientras tanto, estoy desquitando la friega de transportar la méndiga olla express. Este fin de semana comemos frijoles charros. Esperen noticias.
(Nota para todos aquellos que no radican en tierras aztecas: El Pelón Pelo Rico es un tipo de golosina hecha a base de tamarindo y chile. Cualquier otra cochinada que hayan pensado está equivocada.)



