sábado, junio 19, 2010

Los chochentas reloaded.



Supongo que una de las razones principales por la que Australia no es aún una república es que su población no quiere sacrificar el día feriado que se les da por ser el cumpleaños de la Reina. Lo curioso es que ni es su cumpleaños y en diferentes estados se festeja en distintos días. Pero por alguna razón para la idiosincrasia australiana, todo esto tiene perfecto sentido. Todo sea por un día feriado más al año que, por cierto, es prácticamente el último del resto del año antes de la navidad (sin contar el Melbourne Cup, que es día feriado en Victoria).


Nosotros aprovechamos el fin de semana largo que nos regaló la reina de Inglaterra y fuimos a Sydney. Espero platicarles del viaje con más detalle, pero no puedo pasar más tiempo sin platicarles de algo que me ha tenido traumado, cejijunto y caraculéico por el resto de la semana.

En el Powerhouse Museum en Sydney hay una exhibición temporal de los años ochentas. ¿Mi trauma? Que es terrible darse cuenta que la ropa que yo vestía, los juguetes que jugaba, la música que yo escuchaba y la tecnología que solía maravillarme ahora son piezas de museo. No es algo agradable, especialmente cuando la midlife crisis asoma su horrible hocico a la vuelta de la esquina.

Quien no tuvo su cuarto repleto de posters?
Figuritas de Star Wars: mientras mas tuvieras, mas alto estabas en la escala social de la primaria.
La lonchera de metal: otro simbolo de status en la primaria

Ya en alguna ocasión, al darme de alta en alguna página de Internet, empecé a caer en cuenta de lo anticuado que me he vuelto. Al momento de ingresar mi edad, apareció el típico campo con los drop down menus para seleccionar el día, mes y año de nacimiento. Al seleccionar mi año de nacimiento, se me escurrió una lagrimita fugaz al ver que 1970 no aparecía sino después de bajar por el menú por varios segundos que me parecieron una eternidad. Esto me ocasionó una severa depresión post-trauma que me mantuvo tirado en el piso en posición fetal por varios días.

Intellivision: el Atari de los chavitos fresas.


Rosita Fresita: Otro infame legado ochentero, junto con los Pitufos.


Los cassettes y el walkman. Tatarabuelos del iPod



Ahora Boy George se contrata para fiestas infantiles y como jardinero


Y ahora, después de darme cuenta que soy pieza de museo, ni el mismísimo Dr. Phil me levanta.

La video Beta. Punta de lanza de la tecnologia ochentera. La joda era rebobinar la pleicula antes de devolverla al videocentro

Y es que imaginen ver tras una vitrina mi Atari, El Intellivision, mi Commodore 64 (¿Quién no tuvo al menos alguno de éstos?), la clásica lonchera de metal, los cassettes y las videograbadoras Beta. ¡Y la música! (infame e inefable legado de nuestra generación al mundo). Quien viera hoy día a Boy George no lo reconoce. Y Bon Jovi ya anda por los cincuenta años.

Atari: la Leyenda


Commodore 64: los mejores juegos en aquella epoca...ahore el celular mas chafa tiene juegos mas chidos.


Mañana tengo mi primer sesión con el psiquiatra. Mientras tanto me mantengo a base de Diazepan y Valium.

Proximamente: gira mundial del museo de los ochentas, justo al lado de las momias egipcias en el museo de Antropologia, Sergito sufre…

5 comentarios:

  1. Creo que ire por unas antidepresivos también...

    Saludos

    Whytita

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  2. Hola Sergio:

    Es una cuestión de enfoques. No nos hecho viejos, solo que la tecnología no corre ¡vuela! y eso nos da la sensación de un envejecimiento prematuro. ¿Y si no me crees?, mira a aquellos que están ajenos a todas estas cosas.

    Te lo dice un pre-tostonero.

    Saludos,

    Castorena.

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  3. Aca por los rumbos de las alamedas en el Estado De México, también tenemos un museo como el que describes en tu nota y, es increible!.

    Pablo Marmol

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  4. Hola. Por aca en el Estado de México también tenemos un museo como el que describes en tu nota y, es increible!.

    Pablo Marmol

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  5. Me enteré de un lugar donde compran discos de rock, investigué,oh sorpresa están de moda entre coleccionistas,y checando titulos, tengo algunas joyitas, ni modo, tendré que guardarlos y comprar un tornamesa, seguirá el museo chochentero.

    Bety Mármol

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