Es oficial: en Australia no existen los justos medios. Sobre todo si hablamos del clima.
Apenas hace un par de semanas yo dormía con mi pijamita de franela (con dibujos de los Cariñositos). Hoy, duermo en la tina de baño en calzones (del Hombre Araña). Lo peor de todo es que nunca hubo un periodo de transición. Pareciera como si a algún gracioso se le hubiera ocurrido encender de pronto la calefacción, elevando la temperatura de 15 a 35 grados centígrados de un día para otro y sin previo aviso. En Melbourne la gente gusta de contar el viejo y trillado chiste muy popular también en Monterrey: si no te gusta el clima, sólo tienes que esperar 5 minutos para que cambie. Irónicamente, yo siempre he dicho que el clima de Melbourne (al igual que el de Monterrey) es sumamente estable: siempre está de la chingada. O hace calor, o hace frío, o sopla viento helado, o soplan aires calientes y secos del desierto como flatulencias de satanás.
La gente por aquí asume que este clima debe de ser muy similar al de la Ciudad de México. Más de uno me hizo ese comentario hoy en la oficina. Al negar rotundamente esta falacia, un compañero auditor me dijo: “¡pero si en las películas americanas siempre sale México como un desierto, todo seco y caluroso!”. Inmediatamente pensé en Mexicali (de hecho, ahí a gente que al morir se va al infierno tiene que llevar consigo una cobija), pero me reservé a señalar el hecho, una vez más, de que el americano promedio considera todo lo que esté fuera de su ciudad de residencia como un país extranjero y que no tienen idea de cómo es el mundo más allá de sus fronteras. Nada como vivir en un país occidental para darse cuenta de la imagen que tenemos en el extranjero, cortesía de Hollywood…y de los noticieros.
En fin, mientras me derrito como la malvada bruja del oeste, pienso que lo único positivo de este clima es la moda femenina. Es la única razón que me impide decir que Sergito sufre…
Hace un par de semanas estuvimos en Gold Coast, en Queensland. Gold Coast es para los Australianos lo que Acapulco para los chilangos. Tengo que decir que el clima era fantástico (no como el miserable clima de Melbourne) y las vistas aún más.
Estas chicas pertenecen a las Metermaids, las cuales son desde hace muchos años una atracción turística y una institución en Australia. Al parecer, su function principal es poner moneditas el parquímetro cuando te estacionas. A partir de entonces, se me ocurrió proponer que los parquímetros deben estar a 40 centímetros del suelo…
Estuvimos también en un parque ecológico. Dicen que de la vista nace el amor, así que les dejo unas fotos en lo que tengo tiempo de escribir con más calma.
Ps ¡feliz cumpleaños a mí la semana entrante! De aquí en adelante ya todo es de bajada…Sergito sufre…
Ya antes he mencionado que en Australia ser naco es chido. Cierto, en mi coche tengo una imagen de la virgen que reza “virgencita plis cuida mi carrazo” (cortesía de mi amigo Eduardo), una imagen de la máscara de Blue Demon en la defensa trasera y del retrovisor cuelga un llaverito con la máscara del Santo. Visto playeras con el escudo del Chapulín Colorado, Estar Guars o la máscara del Huracán Ramírez. En suma, soy totalmente naco.
Y qué.
En México nos llaman nacos, en Argentina se llaman gronchos o cumbiancheros; en Chile se llaman flaites, en Venezuela monos, en Uruguay planchas, en Perú bacancitos, en República Dominicana Chopos, en Estados Unidos se llaman rednecks.
Es reconfortante saber que no estamos solos, que somos muchos y que estamos muy unidos. El Nacopower se ve y se siente en todo el mundo. Todos llevamos un Juanito por dentro, no importa raza, color o credo.
Para quien aspira a migrante, es de vital importancia reconocer a su contraparte australiana. No debería de ser difícil, pues quien por sus venas corre sangre naca (90% alcohol y 10% botana), tiene en sus genes programada la capacidad de reconocer inmediatamente a los de su propia especie en cualquier parte del mundo gracias a un complicado sistema de comunicación a base de olores corporales, chasquidos de boca y emisiones de fluidos corporales. Sin embargo, nunca está de más tener en mente los atributos más representativos del naco australiano. A saber:
- Una severa falta de gusto para vestir en ocasiones sociales. El típico atuendo bogan consiste en camisa de franela, shorts o pantalón de mezclilla roto o sucio, chanclitas tipo flip flops o thongs.
- Falta de higiene personal. Ustedes pensarán que por ser primer mundo aquí todos se lavan los dientes tres veces al día y se bañan diario, pero no es así en todos los casos. El típico corte de cabello bogan es el mullet, el cual fue popular durante los años ochentas (temo que yo usaba un corte similar en la universidad, lo cual refuerza mi estatus de naco). El cuarto de baño del bogan típicamente contiene un jabón de uso múltiple, el cual puede ser empleado lo mismo que para bañarse y lavarse aquellos rinconcitos donde nunca alumbra el sol, que para lavarse las manos, hacerse el pedicure y lavarse el cabello. La rutina del baño del bogan es estrictamente irregular; el varón puede bañarse una vez por semana, mientras que la mujer lo puede hacer dos veces por semana.
Billy Ray Cirus, el infame criminal que perpetró My Achy Breaky Heart se peina a la bogan style.
- Uso de un vocabulario distintivo, usualmente ajeno a la mayor parte de la gente de habla inglesa. Este lenguaje es conocido como boaglish, por su semejanza con el idoma inglés. Para los recién llegados a tierras australianas este detalle carece de importancia. De cualquier manera, no le van a entender ni jota a ningún australiano, aunque no sea bogan.
- Un gusto particular por cierto tipo de automóviles. En especial, por el Holden o Ford Ute. En mi humilde opinión, el Ute y el vegemite son parecidos en cierto aspecto: ambos son un gusto adquirido y hay que ser australiano para poder desarrollar algún tipo de simpatía por tan horroroso producto. El Ute no es un auto y no es una pick up. Es el tipo de vehículo que los tradies (carpinteros, plomeros, mecánicos, etc) manejan, ya que es un vehículo utilitario. Sin embargo, debido a que son 6 cilindros y de mucho poder, son también los preferidos de los bogans, que gustan de ponerles vidrios polarizados, rines dorados y estruendosos equipos de sonido. Pimp my ute, mate.
- Gustos musicales: El bogan prefiere ya sea el metal o el pub rock. AC/DC y Midnight Oil son clásicos ejemplos del género bogan.
- Empleo: el clásico bogan se encuentra puede ser a) desempleado, o b) obrero o tradie. Un trabajador bogan puede ser identificado fácilmente por su playera o chaleco amarillo fluorescente de alta visibilidad y botas con casquillo de seguridad. El bogan desempleado usualmente puede ser encontrado en el Centrelink más cercano recibiendo ayuda del gobierno (es increíble la cantidad de gente que vive del gobierno aquí), para después encaminarse a la tienda de licores más cercana y comprarse sus cartones de Victoria Bitters (cerveza) y cigarros.
Así que cuando crucen caminos con un bogan, no le den la vuelta. Por el contrario, háganle saber que no se encuentra solo en el mundo, que habemos más como él. Que tú y yo somos uno mismo.
Después dense la vuelta y sigan rápidamente su camino. No les vaya a pedir prestado.
Este domingo pasado fue el esperado picnic organizado por Guillermo. Fue un gran gusto conocer a tanta gente, especialmente a Guillermo y familia. Nosotros ya estamos apuntados para el siguiente evento.
A toda la comunidad mexicana en Melbourne, les obsequio una sonora trompetilla. ¡Nos dejaron solos! No se vale. Nayeli estuvo preparando las jícamas con chile y las tortas de fideo seco toda la noche. Quedó de manifiesto mi poco poder de convocatoria (snif snif). Qué le vamos a hacer, sino seguir sufriendo. Será para la próxima...
Es oficial. Si vuelvo a ver otro sándwich en mi vida voy a gritar como damisela en desgracia.
Como sabrán (y si no lo saben les platico), desde hace 9 años me dedico a las auditorías de sistemas de calidad y ambientales. Este trabajo implica visitar empresas todo el tiempo; lo cual en realidad es un trabajo bastante aceptable, que puede ser considerado como una forma de turismo industrial. Conozco gente, viajo, visito lugares nuevos y aprendo cosas nuevas. La ventaja adicional de este trabajo en México era que normalmente el cliente me llevaba a comer fuera o, en el peor de los casos, al comedor de la compañía.
¡Ah, aquellas comidas en el Angus! ¡Y las cenas en el Rey del Cabrito en Monterrey, ni se diga! ¡Y un nudo se me hace en la garganta cuando recuerdo el caldo tlalpeño del Vip’s!
Ahora, en el 90% de los casos, mi dieta se basa en sándwiches. Sándwiches cortados en triangulito. Sándwiches de todos sabores. Los hay vegetarianos (con zanahoria rallada y betabel), de huevo revuelto, de jamón, de atún y de pollo. Sólo faltó el sándwich de vegemite. Sándwiches de lunes a viernes. Pareciera que el mismo proveedor de sándwiches me sigue a donde quiera que yo vaya, no importa que sea Adelaide, Sydney o Geelong.. Siempre los mismos malditos, infames, pinchurrientos sándwiches.
Y para añadir insulto al daño, los hábitos alimenticios australianos no coinciden con los del mexicano. Normalmente el australiano tiene un muy inglés tea break alrededor de las diez de la mañana, el almuerzo al mediodía y la cena hasta la noche. Su almuerzo sólo basta para medianamente dejar satisfecha a su lombriz solitaria: alguna cosa ligera que inclusive pueden deglutir mientras siguen trabajando. Matar el hambre, vamos.
El problema es que a mí esos almuerzos, lejos de matar el hambre, sólo me la dejan medio atontada por unas horas para luego regresar más encabronada que antes. La verdad es que con esa alimentación y esos horarios ya estoy al borde del patatús.
En fin, si uno es lo que come, yo soy ya 60% pan blanco, 30% jamón y 10% mayonesa.
En esta vida, mis amigos, son los pequeños detalles los que hacen las grandes diferencias. Y creo que soy el primer bloguero en caer en cuenta de un detalle tan aparentemente insignificante pero de implicaciones sumamente trascendentales en la cultura australiana.
¿Qué acaso nadie ha notado que en Australia no hay hoteles de paso?
Esto me golpeó en el rostro como todo un choque cultural. Olvídense del shock de probar el vegemite por primera vez (la mueca de disgusto permanece en el rostro por semanas, aún cepillándose los dientes), o la traumática experiencia de buscar trabajo en Australia. La ausencia de hoteles de paso cimbró lo más profundo de mis convicciones y sacudió mi marco de creencias.
Los hoteles de paso son más que una institución en México: son la piedra angular en la que se basa la vida sexual de todo mexicano (me han platicado). Aún mas: son el fundamento de la economía de entidades enteras (Tlalpan es el mejor ejemplo), donde los hoteles de paso y los table dance viven en estrecha simbiosis, para regocijo de chicos y grandes. Y ni hablar de la derrama económica producto de la venta de videos porno grabados clandestinamente en estos hoteles, en los cuales los actores presuntamente son grabados a escondidas.
Pero las bendiciones de los hoteles de paso no se limitan al aspecto económico. ¿Qué mejor manera de celebrar el 14 de febrero que una romántica velada chapoteando en un jacuzzi de dudosa higiene? ¿Y qué mejor forma de festejar a las secretarias en su día que pasarla a tomar dictado en algún hotel de paso rumbo a Cuernavaca? ¿Y de qué otra manera se le pueden poner dignamente los cuernos a la otra media naranja, sino rodeado de espejos?
La industria hotelera de paso ha llegado a alcanzar niveles de sofisticación inesperados en México (me cuentan mis amigos), y siempre habrá uno a la altura de nuestras capacidades económicas y más oscuras perversiones.
Entonces, ¿por qué en Australia no existen los hoteles de paso?
La pregunta, por intrascendente que parezca, tiene una respuesta por demás interesante, aunque obvia.
Porque simplemente no los necesitan.
En Australia, se espera que al cumplir cierta edad, los jóvenes dejen de vivir con sus padres y se independicen. Normalmente se espera que a los 20 años una persona ya sea independiente y viva sola. Esto implica, evidentemente, que desde jóvenes los australianos ya tienen su propio lugar para dar rienda suelta a sus placeres carnales. Los padres australianos no sólo esperan que sus hijos se independicen a cierta edad. Inclusive lo alientan.
Esto, a diferencia de lo que ocurre en México. Por razones culturales y económicas, es normal vivir con los padres indefinidamente. Inclusive, es común seguir viviendo con ellos aún después de casarse. Cuando he comentado aquí que yo me salí de casa de mis padres a la núbil edad de 32 años, recibo miradas de desaprobación y creo que no me bajan de parásito y looser.
Esta pequeña particularidad de los australianos implica que los jóvenes a los 20 años ya viven solos, aprenden a cocinar, se ganan su propio dinero y tienen sexo en sus propias casas. En una sociedad así, los hoteles de paso se vuelven innecesarios.
¡Ah! Y no hay Día de la Secretaria.
Así, los hoteles de paso florecen en una sociedad como la mexicana en la que, por diversos y complicados factores, el sexo extramarital se lleva a cabo entre letreros de neón, espejos en el techo y jabones chiquitos (he leído).
Ustedes perdonarán la ausencia, pero últimamente me tienen desquitando hasta el último centavo de mi salario. Aunque para ser francos en estas dos semanas no ha ocurrido nada fuera de lo normal en mi vida que merezca una crónica en este espacio. Pensé en resumir las aventuras de Juanito, que de un tiempo a acá se ha vuelto mi ídolo (¡Todos somos Juanito!). Hasta estoy pensando en poner esta foto en mi faisbuc.
También tengo pensado en escribir un poco sobre los aborígenes australianos y también de cómo es el entorno laboral por aquí. Sin embargo, he de admitir que me domina la hueva consetudinaria y regreso sumamente atarantado a casa después de una larga jornada laboral. Así que mientras junto fuerzas para otra inspirada sesión de diarrea cerebral en un par de dias, les comento que este fin de semana que acaba de pasar fue el concierto de Los Aterciopelados en el Arts Centre, como cierre de un festival cultural colombiano. La verdad es que nunca fui muy fan, pero Andrea (la cantante) tiene una gran voz y mucho carisma.
Tuvimos la oportunidad de asistir al concierto con una verdadera fan from hell. Asumo que al día de hoy no se recupera de tanto brinco y grito que pegó durante el concierto…
Por favor aguantenme con las carnitas un par de dias. Y gracias por los comentarios que me han enviado. Por un momento pensé que todos eran de mi mamá que se cambiaba el nombre para disimular…
Cosa rara, nuestra agenda de la semana pasada estuvo llena de pachangas. El viernes asistimos a la fiesta mexicana que organizó Mexvic. Sólo para variar un poco, decidí llevar a mi nueva amiga Holga (mi cámara de juguete) y experimentar un poco con ella durante el evento. Buenas, buenas fotos así lo que se dice qué bruto, qué buenas fotos, no son (podría decir, sin embargo, que son “artísticas”), pero es bastante divertido usar esta cámara. Sobre todo cuando me doy cuenta de la cara de aymomanchesquechingaoseseso cuando la gente me ve con ella en la mano.
En fin, hubo un poco de todo. Desde baile folklórico hasta honores a la bandera. Nayeli pudo recordar sus viejos tiempos como abanderada de la escolta.
Felicidades a Pedro y al resto de los organizadores del evento. Los chiles en nogada lograron arrancarme una lagrimita fugaz. Tan sabroso estuvo todo, que desde entonces no me lavo los dientes para conservar el sabor de la nogada en la boca. Nayeli ya me mandó a dormir a la tina.
Por cierto que lo que hizo la noche fue el mariachi conformado por un chileno, un salvadoreño y ¡dos australianos!. Me cae que en estas circunstancias hay que agarrarse de lo que sea…
Una disculpa por haberme retrasado en la entrega del siguiente post (trato de hacerlo semanalmente), pero ahora sí me tienen desquitando cada dólar que gano y durante las próximas semanas voy a estar más ocupado que un político en año de Hidalgo, así que ténganme un poco de paciencia mientras encuentro tiempo para escribir con más calma. No desesperen.
Ahora que las fiestas patrias están a la vuelta de la esquina y tú, estimado lector, estás abasteciéndote de tlapehue y chuchulucos (alcohol y botana) y sacando del clóset tu disfraz de mexicano que sólo usas una vez al año (zarape veteado, playera de la selección nacional, sombrero de charro y paliacate de Morelos), quisiera preguntarte: exactamente, ¿qué festejamos, mi buen?
Digo, en medio de crisis económicas, aumento de impuestos, narcotráfico, crimen organizado (el de los narcos), crimen desorganizado (el de los políticos), inundaciones, Juanitos y Josmares (ni siquiera podemos hacernos de un terrorista decente), me es difícil pensar en un motivo para festejar. Sí, ya sé que alguien por ahí estará pensando que esa es precisamente una de las grandes virtudes del pueblo mexicano: poner buena cara ante la adversidad. Yo personalmente siempre pensé que la esquizofrenia estaba catalogada como una enfermedad, no como una virtud. Poner buena cara ante la adversidad sólo sería encomiable si además de ello nos pusiéramos a trabajar para resolver los problemas, asumiendo nuestras responsabilidades. Pero no: solemos culpar al gobierno, a los gringos, a los españoles, a Calderón, al Peje o a quien se deje o apendeje.
Así que permítame insistir: ¿Qué estamos festejando?
Hace ya varias semanas recibí uno de esos inevitables correos cadena con una presentación de PowerPoint (obligatoriamente el archivo debe ser superior a los 35 megas para lograr en mí un ataque de apoplejía) invitándome a mejorar como mexicano. La presentación describía una serie de valores los cuales el mexicano debería desarrollar: entre otras cosas, no somos puntuales, no trabajamos en equipo, nos resistimos al cambio, somos desidiosos, desordenados, inconstantes, irresponsables, poco educados, deshonestos, pasivos, irrespetuosos, envidiosos y faltos de autoestima. La presentación pasaba después exaltar aquellas virtudes que el mexicano posee y que no debería perder: alegres, serviciales, ingeniosos, creativos y patriotas. En este último punto, la presentación aseguraba que éramos patriotas ya que festejábamos “por todo lo alto” nuestras fiestas patrias. Y eso era cosa buena.
A mi mente llegaron tres cosas al ver esta presentación:
1) Realmente necesito comprar un antivirus con antispam que me evite recibir este tipo de correos. 2) Así como me la ponen, la balanza está terriblemente cargada hacia el lado oscuro de la fuerza. No veo cómo el ser alegre e ingenioso nos pueda sacar del agujero. 3) Podemos ser huevones, tranzas, desmadrosos y apocados; pero mientras nos pongamos hasta las chanclas, gritemos duro y nos gastemos hasta el último peso en estas fiestas, seremos honrosamente patriotas.
Por lo tanto, me apuro a bajarme del barco y decir: yo no soy patriota.
Sería como decir que por definición quien festeja a su mamá el 10 de mayo es buen hijo. Si le compra flores, la lleva al Vip’s más cercano y le compra una lavadora ultrasónica (¿qué madre en su sano juicio no moriría por unos grilletes de alta tecnología?), será un hijo modelo. No importa que la ignore y menosprecie el resto del año.
La comparación es digna de un libro de texto gratuito de primaria, pero tiene cierta verdad: la patria es como la madre (sin albur): se le honra todo el año. Y ciertamente no la honramos evadiendo impuestos, dando mordidas y estacionándonos en lugares reservados para minusválidos.
Si la definición de patriota es “amar a la patria”, entendemos que el que ama busca hacer el bien al objeto de su amor. No busca dañarlo. No busca desprestigiarlo. Evidentemente, bajo esta definición ser patriota implica un gran esfuerzo, sobre todo en un país donde es realmente heroico (y terriblemente impráctico) mantenerse fuera de la corrupción sistematizada que impera. Ahora, ¿cómo los mexicanos que viven en el extranjero pueden ser patriotas? Yo podría darles una idea o dos.
Por ejemplo, me consta, para mi gran sufrimiento (Sergito sufre) que cuando un australiano piensa en México, le vienen a la cabeza varias imágenes:
Oséase, que no ser por la Corona no dábamos una. Creo que es nuestro deber como mexicanos mostrar una imagen impecable donde quiera que estemos para cambiar esa percepción que se tiene de nosotros. Debemos mostrar que somos puntuales, que trabajamos en equipo, que somos generosos, educados, honestos y trabajadores. Esconder dentro de lo más profundo de nuestro ser a ese Juanito todos que llevamos dentro y no dejarlo salir jamás, ni para que vaya al baño. Eso sería una forma de ser patriotas. De buscar el bien de la patria. Como en el post anterior, hablemos mal de México, pero que sean nuestros actos los que hablen bien de él.
He sabido de mexicanos aquí que manejan sin licencia, o que para obtener la licencia de manejo australiana presentaron una licencia mexicana falsificada. Esa misma gente que migró buscando un mejor futuro para sus hijos. Esa misma gente que decía no tolerar más la situación en México. Pareciera a veces que el mexicano está condicionado genéticamente a la transa.
Así que, estimado lector, el grito de “¡viva México!” se debe llevar en el corazón todos los días del año. Lo demás son puras pendejadas. Perdonen mi francés.
Así que, creo que no le escuché bien, mi estimado lector, lectora: ¿qué festejamos, pues?
Las fiestas mexicanas se acercan inexorablemente. Y como buen aguafiestas que soy quiero ponerme bien denso una vez más compartiendo con ustedes un artículo que llegó a mis manos, escrito por la periodista Denise Dresser para el semanario Proceso. Creo que es un buen tema de reflexión para estas fiestas patrias, y sirve como prólogo a un siguiente post que estaré publicando en los siguientes días. Por lo pronto, los dejo con una sencilla pregunta, muy a tono con las fiestas que se avecinan: ¿Qué es para ustedes ser “patriotas”? (¿quién dijo yo?)
"Hace unos días, el presidente Felipe Calderón criticó a los críticos y convocó a hablar bien de México: 'Hablar bien de México, de las ventajas que México tiene… es la manera de construir, precisamente, el futuro del país'. Y de allí, siguiendo su propio exhorto, pasó a congratularse porque la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aquí es más baja que en Colombia, Brasil, El Salvador o Nueva Orleáns. Las ventajas de México quedarán claras cuando decidamos hablar bien del país, concluyó.
Escribo ahora para pedirte –lector o lectora– que hagas exactamente lo contrario a lo que el Presidente exige. Escribo ahora para recordarte que el estoicismo, la resignación, la complicidad, el silencio, y la impasibilidad de tantos explican por qué un país tan majestuoso como México ha sido tan mal gobernado. Es la tarea del ciudadano, como lo apuntaba Günter Grass, vivir con la boca abierta. Hablar bien de los ríos claros y transparentes, pero hablar mal de los políticos opacos y tramposos; hablar bien de los árboles erguidos y frondosos pero hablar mal de las instituciones torcidas y corrompidas; hablar bien del país pero hablar mal de quienes se lo han embolsado.
El oficio de ser un buen ciudadano parte del compromiso de llamar a las cosas por su nombre. De descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla. De decirle a los corruptos que lo han sido; de decirle a los abusivos que deberían dejar de serlo; de decirle a quienes han expoliado al país que no tienen derecho a seguir haciéndolo; de mirar a México con la honestidad que necesita; de mostrar que somos mejores que nuestra clase política y no tenemos el gobierno que merecemos. De vivir anclado en la indignación permanente: criticando, proponiendo, sacudiendo. De alzar la vara de medición. De convertirte en autor de un lenguaje que intenta decirle la verdad al poder. Porque hay pocas cosas peores –como lo advertía Martin Luther King– que el apabullante silencio de la gente buena. Ser ciudadano requiere entender que la obligación intelectual mayor es rendirle tributo a tu país a través de la crítica.
Ahora bien, ser un buen ciudadano en México no es una tarea fácil. Implica tolerar los vituperios de quienes te exigen que te pases el alto, cuando insistes en pararte allí. Implica resistir las burlas de quienes te rodean cuando admites que pagas impuestos, porque lo consideras una obligación moral. Lleva con frecuencia a la sensación de desesperación ante el poder omnipresente de los medios, la gerontocracia sindical, los empresarios resistentes al cambio, los empeñados en proteger sus privilegios.
Aun así me parece que hay un gran valor en el espíritu de oposición permanente y constructiva versus el acomodamiento fácil. Hay algo intelectual y moralmente poderoso en disentir del statu quo y encabezar la lucha por la representación de quienes no tienen voz en su propio país. Como apunta el escritor J.M. Coetzee, cuando algunos hombres sufren injustamente, es el destino de quienes son testigos de su sufrimiento padecer la humillación de presenciarlo. Por ello se vuelve imperativo criticar la corrupción, defender a los débiles, retar a la autoridad imperfecta u opresiva. Por ello se vuelve fundamental seguir denunciando las casas de Arturo Montiel y los pasaportes falsos de Raúl Salinas de Gortari y las mentiras de Mario Marín y los abusos de Carlos Romero Deschamps y el escandaloso Partido Verde y los niños muertos de la guardería ABC y los cinco millones de pobres más.
No se trata de desempeñar el papel de quejumbroso y plañidero o erigirse en la Casandra que nadie quiere oír. No se trata de llevar a cabo una crítica rutinaria, monocromática, predecible. Más bien un buen ciudadano busca mantener vivas las aspiraciones eternas de verdad y justicia en un sistema político que se burla de ellas. Sabe que el suyo debe ser un papel puntiagudo, punzante, cuestionador. Sabe que le corresponde hacer las preguntas difíciles, confrontar la ortodoxia, enfrentar el dogma. Sabe que debe asumirse como alguien cuya razón de ser es representar a las personas y a las causas que muchos preferirían ignorar. Sabe que todos los seres humanos tienen derecho a aspirar a ciertos estándares decentes de comportamiento de parte del gobierno. Y sabe que la violación de esos estándares debe ser detectada y denunciada: hablando, escribiendo, participando, diagnosticando un problema o fundando una ONG para lidiar con él.
Ser un buen ciudadano en México es una vocación que requiere compromiso y osadía. Es tener el valor de creer en algo profundamente y estar dispuesto a convencer a los demás sobre ello. Es retar de manera continua las medias verdades, la mediocridad, la corrección política, la mendacidad. Es resistir la cooptación. Es vivir produciendo pequeños shocks y terremotos y sacudidas. Vivir generando incomodidad. Vivir en alerta constante. Vivir sin bajar la guardia. Vivir alterando, milímetro tras milímetro, la percepción de la realidad para así cambiarla. Vivir, como lo sugería George Orwell, diciéndoles a los demás lo que no quieren oír.
Quienes hacen suyo el oficio de disentir no están en busca del avance material, del avance personal o de una relación cercana con un diputado o un delegado o un presidente municipal o un Secretario de Estado o un Presidente. Viven en ese lugar habitado por quienes entienden que ningún poder es demasiado grande para ser criticado. El oficio de ser incómodo no trae consigo privilegios ni reconocimiento, ni premios, ni honores. Uno se vuelve la persona que nadie sabe en realidad si debe ser invitada, o el colaborador de una revista a la cual le recortan la publicidad.
Pero el ciudadano crítico debe poseer una gran capacidad para resistir las imágenes convencionales, las narrativas oficiales, las justificaciones circuladas por televisoras poderosas o Presidentes porristas. La tarea que le toca –te toca– precisamente es la de desenmascarar versiones alternativas y desenterrar lo olvidado. No es una tarea fácil porque implica estar parado siempre del lado de los que no tienen quién los represente, escribe Edward Said. Y no por idealismo romántico, sino por el compromiso con formar parte del equipo de rescate de un país secuestrado por gobernadores venales y líderes sindicales corruptos y monopolistas rapaces. Aunque la voz del crítico es solitaria, adquiere resonancia en la medida en la que es capaz de articular la realidad de un movimiento o las aspiraciones de un grupo. Es una voz que nos recuerda aquello que está escrito en la tumba de Sigmund Freud en Viena: "la voz de la razón es pequeña pero muy persistente".
Vivir así tiene una extraordinaria ventaja: la libertad. El enorme placer de pensar por uno mismo. Eso que te lleva a ver las cosas no simplemente como son, sino por qué llegaron a ser de esa manera. Cuando asumes el pensamiento crítico, no percibes a la realidad como un hecho dado, inamovible, incambiable, sino como una situación contingente, resultado de decisiones humanas. La crisis del país se convierte en algo que es posible revertir, que es posible alterar mediante la acción decidida y el debate público intenso. La crítica se convierte en una forma de abastecer la esperanza en el país posible. Hablar mal de México se vuelve una forma de aspirar al país mejor.
Esta es una posición vital extraordinariamente útil pero heterodoxa en un lugar que cambia pero muy lentamente debido a la complicidad de sus habitantes y sus gobernantes. Porque hay tantos que parten de la premisa: 'así es México'. Tantos que parten de la inevitabilidad. Tantos que parten de la conformidad. Ya lo decía Octavio Paz: 'Y si no somos todos estoicos e impasibles –como Juárez y Cuauhtémoc– al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de nuestras victorias nos conmueve nuestra entereza ante la adversidad'. Allí está nuestro conformismo con la corrupción cuando es compartida. Nuestra propensión a compararnos hacia abajo y congratularnos –como lo hace Felipe Calderón– porque por lo menos México no es tan violento como la ciudad de Nueva Orleáns.
Ante esa propensión al conformismo te invito a hablar mal de México. A formar parte de los ciudadanos que se rehúsan a aceptar la lógica compartida del 'por lo menos'. A los que ejercen a cabalidad el oficio de la ciudadanía crítica. A los que alzan un espejo para que un país pueda verse a sí mismo tal y como es. A los que dicen 'no'. A los que resisten el uso arbitrario de la autoridad. A los que asumen el reto de la inteligencia libre. A los que piensan diferente. A los que declaran que el emperador está desnudo. A los que se involucran en causas y en temas y en movimientos más grandes que sí mismos. A los que en tiempos de grandes disyuntivas éticas no permanecen neutrales. A los que se niegan a ser espectadores de la injusticia o la estupidez. A los que critican a México porque están cansados de aquello que Carlos Pellicer llamó 'el esplendor ausente'. A los que cantan en la oscuridad porque es la única forma de iluminarla."
Sopas, perico...y sobre todo, a predicar con el ejemplo.
Tenía la intención desde hace varias semanas de escribir sobre este tema. Así que dejaré a un lado los temas de migración y trabajo por un tiempo para escribir de manera más específica sobre Australia.
Y quisiera comenzar poniéndome bien espeso, escribiendo sobre su relación con China.
No ha de ser fácil para Australia tener a China como principal socio comercial. China necesita desesperadamente de las materias primas que produce Australia, y hará lo que sea necesario para que estos suministros estén asegurados. Las materias primas australianas son de gran importancia estratégica para China, sin éstas, sería difícil para China mantener su crecimiento económico. El régimen chino requiere de alguna forma de controlar estos recursos
Por el otro lado, Australia ve en China no sólo a un importante socio comercial, sino que al parecer y por lo que he leído, irónicamente también lo ve como una potencial amenaza, no sólo en lo económico, sino inclusive en lo militar. En algunos medios se maneja que Australia ha visto en el régimen chino comunista una amenaza a la seguridad nacional, y por ello ha incrementado su presupuesto para la defensa.
Este régimen es mundialmente conocido por ser dictatorial y estar en malos términos con los derechos humanos. Sin embargo, las protestas de los países occidentales a este respecto han sido endebles. Y es que China sabe usar las cartas que tiene. Dado el poderío económico de China, países como Estados Unidos y Australia a veces prefieren hacerse de la vista gorda ante violaciones a los derechos humanos en ese pais. No vas a morder la mano de quien te da de comer, en esencia.
Hace un par de meses, El gobierno Chino se encontraba en negociaciones con Rio Tinto, un gran corporativo minero australiano. China ofrecía 23.7 mil millones de dólares australianos para participar en Rio Tinto. Sin embargo los australianos se echaron para atrás y el negocio no prosperó. Rio Tinto tuvo que pagar 237 millones de dólares australianos en multas.
Pero ahí no acabó la cosa: días después, el gobierno chino arrestó a un ejecutivo de Rio Tinto (nacido en China) junto con otros tres empleados de la compañía, acusándolos de “robar secretos de estado de China por medios ilegales, incluyendo el soborno a compañías acereras chinas.” Se maneja la teoría de que estos arrestos fueron en represalia por el fracaso de las negociaciones con Rio Tinto.
Las últimas noticias que encontré sobre el caso dicen que este ejecutivo finalmente fue acusado de soborno y espionaje comercial. Estos cargos son menores que los manejados originalmente.
Otro caso reciente de la influencia China en Australia se vivió hace unas semanas durante el Festival de Cine Internacional en Melbourne. La película independiente China The 10 Conditions of Love trata sobre la vide de Rebiya Kadeer, presidenta del Congreso Mundial Uyghur y vocera del pueblo Uyghur en China (minoría musulmana). Miles de Uyghurs han muerto o desaparecido en la provincia de Xinjiang y Rebiya ha pedido la intervención de la ONU.
El consulado chino ejerció una tremenda presión para que la película fuera retirada del evento. El director del Festival se rehusó a esto, y fue entonces cuando el Festival se volvió blanco de ciberataques por parte de seguidores de Beijing. El sitio fue hackeado y el director aseguró que el sitio web del festival llegó a recibir hasta 80 000 entradas en un solo día no relacionadas a la venta de boletos. Se recibieron comentarios protestando por la exhibición de la película. 5 películas chinas fueron retiradas del evento como resultado de la presión del régimen chino, pero The 10 Conditions of Love permaneció en la cartelera del Festival y la película fue exhibida…bajo la presencia de la policía.
Aparentemente el Año pasado, durante el festival de cine en Venecia, los organizadores del evento fueron presionados por el régimen Chino de la misma forma, por lo que decidieron implementar un método de auto censura, en el cual no se publica la información sobre las películas chinas que se van a exhibir, de manera que los oficiales chinos no se enteran de lo que está ocurriendo. Mientras tanto los asistentes al evento están concientes de que en algún momento se exhibirá una película china independiente. Este será probablemente la estrategia que sigan los organizadores del Festival de Cine Internacional de Melbourne el año entrante.
Así que esa famosa frase de Don Porfirio Díaz: “pobres mexicanos: tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” refleja una realidad muy similar a la que vive Australia con el régimen de Beijing. Yo, por si las dudas, voy a tomar clases de mandarín. Uno nunca sabe a dónde van a parar las cosas.
Y despues de este post solo espero que este blog no desaparezca misteriosamente junto con su heroico autor.
Cuando iniciamos el proceso de migración a Australia, comencé a buscar en la web(a) información sobre migrantes latinoamericanos en Australia. Me topé con varios blogs que me proporcionaron información muy valiosa sobre este proceso. Entre ellos, me topé con el blog de Guillermo, argentino que migró con toda su familia a Melbourne en el 2004. Desde que leí su blog me volví su fan from hell.
Guillermo ha tenido la iniciativa de organizar un picnic (o séase, día de campo, como decimos en tierras technocas) este 11 de octubre. Toda la comunidad hispanoparlante de Melbourne está invitada al evento (a ver si cabemos todos, aunque sea apretaditos). Y a riesgo de sonar como político priista, por este medio hago un especial, atento y respetuoso llamado a la comunidad mexicana radicada en Melbourne a que asista a tan magno evento con su canastita llena de naranjas, jícamas y tortas de fideo seco. Jugaremos pambol toda la tarde para después tomar cerveza en bolsitas de plástico con popote. Alguien que consiga el balón.
Ahí nos vemos.
Postdata…
Parece que más de uno se quedó con la impresión de que el post anterior fue escrito con un dejo de amargura, resentimiento y algo de enojo. Pero no se preocupen, que no estoy enojado. Así es mi pinche carácter, nada más. Para bien o para mal (pero seguro que para regular) tengo la malvada costumbre de ver todos los ángulos posibles de cualquier situación, lo que me convierte en una especie de abogado del diablo de bolsillo. Sólo pretendo ser crítico y objetivo y señalar los aspectos buenos y no tan buenos de la migración a Australia. Por favor no me tachen de pesimista.
Mejor piensen en mí como un optimista bien informado ;P
Sé que les voy a parecer CD rayado (decir disco rayado ya es obsoleto), pero cada que recibo propaganda de las agencias de migración, siento que es mi deber cívico, como sufrido migrante, poner una vez más las cosas en perspectiva. Hace unos días recibí un newsletter que rezaba:
"Ingenieros en máxima demanda en Australia. Muchas especialidades de Ingeniería son consideradas se suma importancia por el gobierno australiano, recibiendo máxima prioridad en su tratamiento y con excelentes perspectivas de desarrollo profesional.
Gerente de Ingeniería Ingeniero Aeronáutico Ingeniero Agricultor Ingeniero Civil Ingeniero de Materiales Ingeniero de Minería (excluyendo petróleo) Ingeniero de Producción o Planta Ingeniero Electricista Ingeniero Electrónico Ingeniero en Biomedicina Ingeniero en Petróleo Ingeniero Geodésico o Topógrafo Ingeniero Industrial Ingeniero Mecánico Ingeniero Naval Ingeniero Químico Otros Ingenieros
Mas de 80 000 ofertas mensuales para ingenieros en Australia."
Al respecto quisiera hacerles algunas advertencias:
Es un hecho que Australia salió relativamente bien librada de la crisis. El fantasma de la recesión nos pasó muy de cerca pero lo pudimos esquivar, a diferencia de otros países industrializados. Parece ser que la economía en Australia comienza a repuntar poco a poco. El nivel de confianza de los consumidores ha aumentado, el avance del desempleo se ha desacelerado y en las bolsas de trabajo se percibe que las empresas comienzan a buscar personal nuevamente.
Sin embargo la promesa de encontrar fácilmente un trabajo como ingeniero no es realista, aún bajo la premisa de que existen 80 000 ofertas mensuales para ingenieros. Y esto se debe a que el ingeniero migrante se enfrenta a una situación de desventaja que le impide acceder al mercado laboral tan fácilmente como las agencias de migración nos quieren hacer creer. El ingeniero migrante tiene que competir contra muchos otros candidatos locales, con experiencia laborando en Australia y obviamente con un dominio del idioma muy superior (existen sus excepciones; algunos australianos que he conocido deberían de repetir la primaria).
Así que me siento obligado a dar, una vez más, un par de consejos a aquellos que en fechas próximas se van a aventurar por estas tierras extrañas:
No porque una carrera tenga amplia demanda en Australia esto quiere decir que la carrera es demandada en toda Australia. Hagan su tarea: investiguen cómo se comporta el mercado laboral en la ciudad donde van a emigrar y cuál es la demanda de su carrera ahí. Investiguen el proceso que se requiere llevar para que su carrera sea totalmente reconocida aquí. Por ejemplo, arquitectos y contadores requieren cursar materias universitarias, tomar exámenes y cosas así para ser reconocidos en su profesión. De otra manera no podrían aplicar a ciertas posiciones. Acepten el hecho de que van a tener que dar un par de pasos hacia atrás profesionalmente. Afortunadamente, al ser los latinoamericanos sumamente trabajadores y competitivos, generalmente se asciende relativamente rápido y se recupera la posición inicial tras unos cuantos años. Afortunadamente por el tipo de trabajo que realizo, me encuentro haciendo exactamente lo mismo que hacía en México antes de migrar, pero por el tipo de profesión considero que más bien soy la excepción a la regla.
El hacer un buen resumé y cover letter en Australia es determinante para conseguir una entrevista. Les aconsejo que al llegar se inscriban en uno de esos cursos del AMES para aprender cómo se hace esto (a mí la verdad ni me pregunten cómo se hace; tuve la fortuna de encontrar trabajo antes de la crisis y a pesar de un resumé hecho con las patas…)
Prepárense para vivir de sus ahorros por un buen periodo de tiempo. El tiempo que tarden en conseguir trabajo va a depender de muchos factores; podrían tener suerte y encontrar trabajo en un par de meses o puede pasar un par de años sin que encuentren un trabajo en su profesión. Hagan un presupuesto considerando el worst case scenario. Y traigan suficiente Diazepam para hacer llevadero el proceso.
Si tienen visa regional, es importante que hagan esta investigación a conciencia. Recuerden que con este tipo de visa sólo pueden migrar a ciertas ciudades de baja densidad poblacional como Adelaida y Brisbane. La oferta de trabajo ahí es por consecuencia menor. Tomen en cuenta que si deciden migrar a una ciudad donde no hay demanda de su profesión y deciden moverse a otra ciudad, sus opciones son muy limitadas.
Si tienen visa de estudiante y quieren venir a estudiar una maestría o similar en lo que tramitan la de residencia permanente, les invito a formarse detrás de los miles de asiáticos e hindues que vienen a exactamente lo mismo. Tomen en cuenta que con esa visa sólo tienen derecho a trabajar medio tiempo. Y las chambas de meseros ya están todas tomadas.
La mayor parte de las ofertas de empleo no se publican; es a través del networking (término bastante malucas, si me lo preguntan). Así que ni se molesten en buscar en el periódico. Los buscadores de empleo en Internet son mejores (seek.com.au es el mejorcito), pero los buenos trabajos son por networking. Así conseguimos trabajo nosotros, así como varios de nuestros amigos y conocidos.
En suma, mi consejo es que no crean a pie juntillas lo que dice la publicidad de las agencias migratorias. Y tomen conciencia de que la migración es un proceso difícil que muchas veces parece una montaña rusa emocional (no he hablado del trabajo que representa encontrar dónde vivir, adaptarse a una nueva cultura y sobrellevar el síndrome del Jamaicón).
Más adelante
Agárrense. Estoy leyendo el libro “A Secret Country” de John Pilger, que describe el lado oscuro de Australia. Prepárense más adelante para una serie de posts sobre el tema.
Mientras se me ocurre algo más interesante para escribir (por el momento sufro de desfallecimiento crónico neuronal), les comparto un texto que a mí en lo personal, que tengo cierto involucramiento en la industria automotriz, me parece sumamente gracioso y que implica una gran verdad.
Hace años que había recibido este texto vía correo electrónico. Hace unos días volví a recibirlo y quisiera compartirlo con ustedes. Creo que el siguiente texto explica por qué “Las Tres Grandes” (GM, Ford y Chrysler) se encuentran en graves problemas mientras que Toyota es un ejemplo a seguir a nivel mundial.
¿Cómo hornea un papa Toyota?
Precalienta un horno nuevo de alta calidad a 350 F. Inserta una papa tipo Idaho. Se va a hacer algo productivo durante 45 minutos. Se asegura de que la papa esté bien horneada, la saca del horno y la sirve.
¿Cómo hornea un papa GM?
Consigue a un proveedor de papas de Idaho para precalentar el horno a 350 F. Le exige al proveedor que le demuestre cómo giró la perilla del horno para llegar a los 350 F, y le obliga a obtener la documentación del fabricante del horno que demuestre que éste se encuentra calibrado adecuadamente. Revisa la documentación proporcionada por el proveedor y entonces le pide que verique la temperatura de horno utilizando algún sofisticado sensor. Instruye al proveedor para que inserte la papa en el horno y fija el timer en 45 minutos. Obliga al proveedor a que abra la puerta del horno para comprobar que la papa se ha insertado correctamente, y solicita un estudio que demuestre que los 45 minutos es el tiempo ideal para cocinar una papa de este tamaño.
Revisa la cocción de la papa después de 10 minutos.
Revisa la cocción de la papa después de 11 minutos.
Revisa la cocción de la papa después de 12 minutos.
Se impacienta con el proveedor (¿por qué se tarda tanto tiempo en cocinar esta papa?). Le demanda al proveedor informes de la cocción de la papa cada 5 minutos. Revisa la cocción de la papa a los 15 minutos ... Después de 35 minutos, concluye que la papa está a en su punto. Felicita al proveedor y a continuación actualiza a su jefe sobre todo el gran trabajo que ha hecho, a pesar de tener que trabajar con un proveedor tan poco cooperativo. Retira la papa del horno después de 40 minutos de cocción, como parte de una iniciativa de reducción de costos, sin pérdida de calidad en comparación a los 45 minutos originales. Sirve la papa, mientras se pregunta en voz alta qué demonios hacen los japoneses para producir papas al horno a tan bajo costo y que la gente parece preferir a las papas de GM.
¿Cómo hornea una papa Chrysler?
Diseña una papa de espectacular apariencia. En el diseño incluye mucha crema, trozos de tocino, cebolla y queso. Se implementan sistemas MCM y los ingenieros ahora pasan 2 años buscando la forma de eliminar la crema, los trozos de tocino, la cebolla y el queso. Los ingenieros encuentran una imitación barata de la cebolla a través de un proveedor japonés. La gerencia ordena a los ingenieros emplear tocino alemán caro y sobre-diseñado con el fin de desarrollar a sus proveedores. Se pone al mercado una imitación barata de la papa con cebolla, sin crema agria, queso o trocitos de tocino alemán sumamente caro. La patata se pudre tan rápido que el cliente jura nunca comprarle otra papa a Chrysler.
¿Cómo hornea una papa Ford?
Los ingenieros diseñan una papa sencilla orientada al consumidor cualquiera, promocionándola como una alternativa “verde” a las papas fritas. Al ser calentada en el micro hondas, la papa explota causando muerte y lesiones a los clientes y acaba con los 100 años de relaciones comerciales entre el proveedor de la papa y el proveedor de la mantequilla. Los abogados florecen.
Cada vez que recuerdo los años ochentas, lo hago no sin un poco de vergüenza y alivio al saber que esos inefables años han quedado atrás. Recuerdo con horror los zapatos Top Siders sin calcetines, las camisas arrugadas con el cuello levantado, los pantalones bombachos guardacaca tipo MC Hammer y los escandalosos peinados solo posibles gracias al Superpunk ( Admito que mi pecado fue peinarme a la “colita de pato” y poseer un par de pantalones bombachos. Fuera de eso creo que sobreviví los ochentas con mi dignidad intacta). Pero especialmente recuerdo la música.
¡Oh, el horror! ¡La música!
Aún sufro calambres en las orejas cuando me acuerdo de Fresas con Crema, Veni Vidi Vici y Franco. Los grupos en inglés se caracterizaban en su vasta mayoría por ser one hit wonders: Canciones que aún suenan y sonarán en la radio por mucho tiempo, pero cuya autoría es generalmente desconocida para muchos ochenteros (es fácil ubicar la canción de Tainted Love, pero no todos ubican al grupo Soft Cell, por ejemplo).
Hubo otros grupos que trascendieron los ochentas tales como Journey, Van Halen, U2, y, aquí en Australia, Midnight Oil.
Aunque en México Midnight Oil sólo tuvo un par de éxitos en la radio (Beds are Burning fue uno de ellos), su discografía cubre 18 grabaciones que abarcan desde 1978 hasta el 2008 y fue muy popular aquí en Australia. Midnight Oil fue un grupo activista cuyas canciones, entre otras cosas, denunciaban los problemas de los aborígenes australianos y condenaban la industria nuclear.
Sucede que el vocalista, Peter Garret (hijo putativo del Tio Lucas) es nada mas ni nada menos que el Ministro Ambiental Federal por parte del Partido Laboral. El mismo Peter Garrett que acaba de aprobar la explotación de una nueva mina de uranio al norte de Adelaide. El mismo que en 1986 condenó las plantas de energía nuclear, argumentando graves daños ambientales a largo plazo.
Como era de esperarse, Peter se volvió el blanco de críticas por parte del Partido Liberal y de sus fans. Inclusive fue tachado de hipócrita en algunos medios.
Creo que los artistas y músicos hacen muy malos políticos (y si no me creen, pregúntenle al Governator de California). Supongo que lo peor que puede hacer un activista es incorporarse al sistema político, pues una vez adentro hay que rendir cuentas a los líderes del sistema y a sus intereses. En ese sentido me parece que Bono, de U2, ha sido mucho más exitoso como activista.
Yo, por lo pronto, prefiero quedarme con el grato recuerdo de Beds are Burning y la tonadita de turu turu tururu...turu turu tururu...(¿Qué quieren? Al fin y al cabo, yo soy como el Gansito Marinela: negro por fuera pero fresa por dentro…)
Que no caigan en la bajada ni en la subida del camino. Que no encuentren obstáculos ni detrás ni delante de ellos, ni cosa que los golpee. Concédeles buenos caminos, hermosos caminos planos.
Popol Vuh
¿Y vos, quién sos?
Sergio
Chilangos decepcionados de los pejes, calderones y madrazos, buscan nueva vida en otros hemisferios donde el agua en el inodoro corre en sentido contrario. Preferible luchar con cocodrilos que manejar en el Periférico en hora pico (bueno, en realidad es casi lo mismo).